«Se escuchó un ruido humano: los tres detuvimos automáticamente la discusión e hicimos silencio. El fuego nos hizo sentir indefensos ante la absoluta oscuridad que nos rodeaba. Sólo nos quedó mirarnos y hacer el esfuerzo de oír lo que ya no se escuchaba.»
«Nos internamos tras Urucará, abandonándonos en las manos de Alfredo quien, según aseguraba, nos iba a hacer llegar en dos meses.»
«No sólo veníamos viajado 8 meses tras escasas e infructuosas pistas, sino que en mi cabeza algo me decía que... que tal vez había algo... Había algo que no podía pensar, pero estaba ahí, sí, como una intuición, casi una lucidez. Y presentía que faltaba poco para darme cuenta.»