Los cuentos de Daniel San Martín «destacan por su versatilidad temática, y una sencilla y eficaz manera de inquietar con fábulas simples, aunque oscuras y hasta cínicas». Sus relatos han sido elogiados por encumbrados especialistas, como Jorge Lafforgue y Jorge Dubatti, y por personalidades públicas como Mario Pergolini (Tiempo Perdido) y Jorge Lanata (Hora 25). No me admiro, pues fui un convencido de la calidad literaria de este material desde el primer momento en que lo leí (es lo que me llevó a promover la edición de 1999). ¿Esto significa que es un material poco accesible al lector no entrenado? Es difícil pensar así cuando desde octubre de 2004 a la fecha centenares de mensajes de lectores (suscritos a SE LO CUENTO) han sumado también sus elogios. Algunos, incluso, admitiendo su escasa relación con la lectura: «mucho leer cuentos no me gusta, pero me entró curiosidad, mucha curiosidad, y lo leí dos veces y la verdad me dejó sorprendida. O sea que... no sé, como que: ¡wau, me gustó en serio!». No faltan quienes se muestran más expertos, como en este caso: «Fantástica construcción del ambiente, la tensión, el odio y la rabia del tipo. Bravo. Muy interesante, atrapante de veras. Hacía mucho que no leía algo tan interesante». O en este, obviamente sobre un cuento distinto: «es un dibujo en filigrana, una canción tarareada apenas, porque no se la recuerda bien... pero se sabe que es uno de los temas más importantes de nuestra vida». De estos relatos uno sabe donde empiezan; pero no dónde terminan. Escribió una lectora: «la historia maneja un buen suspenso, comencé a leerlo y me hizo pensar que ya sabía el final... pero no me esperaba que...». No quiero escapar a mi función de presentador; pero prefiero que opinen los lectores; selecciono con dolor: «estos personajes que de tanto aguantar un día dicen basta me parecen hasta queribles». Otra opinión: «hay uno de tus cuentos que me puede más que los otros, y lo leo con asiduidad; es más, lo he impreso y regalado a amigos. Cada uno de sus personajes me remite a instancias diferentes por las que he pasado en mi vida». Otra: «Me he quedado atónito, ya que este texto ha hecho que surjan preguntas que casi no me hago». Otra: «Me gustó el cuento. Lo más interesante resulta ser esa pequeña cuota erótica (y hasta levemente obscena) que se desprende del narrador». Y dos más: «me provocó una sonrisa en la cara, algo que no había tenido durante el día», y una frase que sirve como ejemplo de que se establece una relación entre el lector y las ficciones de Daniel San Martín: «me voy con tu cuento en mi bolsillo». |