Al caer di una voltereta, y el piso frenó el vértigo. Todos los huesos me dolieron, y realmente no entendía nada. Alguna gente se acercó, riéndose y hablando en un idioma incomprensible. Me llevaron a una cama y dormí. (Prisionero)
Tenía una vocecita cautivante. Enseguida me hizo sentir responsable por ella. Yo no quería hacer ninguna pregunta tonta, para que se sintiese segura conmigo, que no vaya a pensar que estaba en manos de un inepto. (Lucrecia y el señor)
Hice el árbol, y dos manzanas se cayeron del árbol. Con una inventé el pecado, con la otra la gravitación universal. (Hijo mío: ¿por qué me has abandonado?)
Estuve hablando con él. Es muy viril a pesar de ser tan joven. Tengo que reconocerlo: estoy caliente con esa criatura. (El adulterio)
La conocí en el centro. Estaba vestida que era un espanto; pero me resultó atractiva. Era febrero a las tres de la tarde, con el calor y la humedad que los cambios de gobierno no le cambian a Buenos Aires. (La traición)
¿Sabés?, mejor que no puedas hablar. En serio, mejor: hoy voy a hablar yo. Siempre hablás vos, pero hoy voy a hablar yo. Voy a aprovechar porque nunca me puedo hacer oír. Ahí está: hoy me voy a hacer oír. (Afonía) |