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LA DIVINA COMEDIA Y EL INFIERNO

© 1996 by Daniel San Martín

El siguiente trabajo es de comparación entre dos textos. Por un lado, La Divina Comedia, de Dante Alighieri, en especial El Infierno; por otro, Viaje a los Infiernos del Siglo, de Dino Buzzati.

Se pretende demostrar que el cuento de Buzzati es un hipertexto del de Dante, el cual funcionaría como hipotexto, de acuerdo a uno de los tipos de transtextualidad definidos por Genette.

Según este, la transtextualidad -o trascendencia textual de un texto- es, a grosso modo, la relación manifiesta o secreta de un texto con otros. De los cinco tipos de relaciones transtextuales que postula, tenemos una categoría compleja que implica al hipertexto y al hipotexto. Se plantea en esta relación un vínculo de un texto B, al que se llama hipertexto (Viaje a los Infiernos del Siglo, en nuestro caso), a un texto anterior A (La Divina Comedia, escrita seis siglos antes), al que se llama hipotexto. El hipertexto se vincula al hipotexto de una manera que no es el comentario. En otras palabras, Genette plantea una noción general de texto de segundo grado o texto derivado de otro preexistente. Esta derivación puede ser tal que B no hable de ningún modo de A, pero no podría sin embargo existir sin A, del cual B resulta el término de una operación que Genette califica, provisoriamente, como transformación. B evoca más o menos explícitamente a A, pero sin hablar de él o citarlo. Entonces, no se trata de una derivación en el comentario (metatextualidad), sino de una operación transformativa.

Un tipo de transformación puede ser descripta (muy superficialmente) como simple, directa, consistente, por ejemplo, en traspasar la acción de una obra de una época a otra distinta, como es el caso del Ulises (hipertexto) con respecto a La Odisea (hipotexto). Hay otro tipo de transformación más indirecta y de un procedimiento más complejo, que es la imitación, y exige la constitución previa de un modelo de competencia genérica que constituye, entre el texto imitado y el texto imitador, una etapa y una mediación indispensable, que no coincide en una transformación simple o directa.

Se denomina, entonces, hipertexto a todo texto derivado de un texto anterior por transformación simple, o por transformación indirecta llamada imitación.

El texto de Buzzati está dividido en ocho capítulos. Utilizaré esta estructura para ordenar un paralelo que señale puntos de contacto entre las dos obras, los que se darán tanto por semejanza como por oposición. De lo siguiente surgen las evocaciones que Buzzati hace de la obra de Dante.

El primer capítulo se titula Un Servicio Difícil. Como en La Divina Comedia, también aquí el autor protagoniza la historia. También aparece en ella en su carácter de escritor, aunque específicamente en el rol de redactor de un periódico (la palabra "servicio" se relaciona con ese trabajo). Y también en el texto de Buzzati el protagonista se encuentra confuso al comenzar la historia («tan trastornado me tenía el sueño», dice Dante en el Canto Primero de El Infierno, utilizando esta palabra sueño como imagen de ofuscamiento intelectual). Colabora a esto último una inusual cadena de mensajes que lo llevan con el director del periódico, quien primero dice que no lo mandó a llamar, luego que sí lo había hecho pero que no recuerda para qué, luego lo hace marchar, luego vuelve a ser llamado... Hasta que decide comunicarle, después de muchos titubeos, que tienen la información de haber encontrado una puerta al infierno en el subterráneo de Milán. La noticia que conduce a Buzzati al viaje infernal le llega por parte del director, quien a su vez la recibe de un antiguo redactor, comunicada por su hija, que es la mujer del perito industrial empleado de una de las empresas contratistas de las obras que se estaban realizando en el Metro de Milán; este último es quien, junto con un compañero, descubrió la entrada al infierno. En el caso de La Divina Comedia, es la Virgen María quien se compadece de Dante y se dirige a Lucía diciéndole: «Tu fiel amigo necesita ahora de ti» (Dante fue particularmente devoto de Santa Lucía), y esta, entonces, fue donde Beatriz para que socorra «al hombre que te amó tanto», a partir de lo cual Beatriz recurrió a Virgilio, quien le muestra a Dante la entrada al Infierno, indicándole que ese es el camino que tendrá que hacer si quiere llegar a una vida virtuosa y feliz.

Antes de enterarse de su destino, Buzzati lo presiente: «Sentí que me rozaba la mano peluda del destino». Es la mano de Belcebú, según Dante lo describe en el canto trigésimocuarto: «su velludo cuerpo, deslizándose en seguida de uno en otro mechón por entre la espesa pelambre».

Como prueba de que el autor de Viaje a los Infiernos del Siglo no desconoce la obra de Alighieri, encontramos que el personaje Buzzati pregunta: «¿Ni Virgilio?», cuando el director dice que el periódico no tiene ningún conocido en el infierno; y, trasmitiendo la información que tiene, dice el director, con respectos a los habitantes del Infierno: «son de carne y hueso, nada de como los de Dante».

Aquí ya nos presenta las primeras diferencias con el infierno de La Divina Comedia, las cuales existen para elaborar el distinto mensaje que el cuento da con respecto a aquella.

Ya el motivo del viaje es una diferencia importante para esto. En la Comedia Dante debe tomar el camino mas largo para evitar a la codicia (la loba): «A ti te conviene emprender otro rumbo», dice Virgilio en el canto primero, «porque esa fiera que ha ocasionado tus gritos, a nadie deja pasar por su camino». En el cuento, Buzzati, por el contrario, se interna en el infierno por buscar una primicia periodística.

El capítulo segundo se titula Los Secretos del «M M». Aquí encontramos el primer guía que tiene el periodista, el perito industrial Furio Torriani, quien en un primer momento dificulta la entrada de Buzzati al infierno, adjudicando todo a un rumor sin fundamento, así como las Furias hacen lo propio cuando los poetas, en el canto noveno de la Comedia, esperan a entrar en el castillo de Dite. Escribe Buzzati:

«En aquel momento, volví la mirada y noté sobre una mesita una vieja edición de la Divina Comedia ilustrada por Doré. Estaba abierta allí donde se ve de lejos a Dante y a Virgilio quienes, entre peñascos siniestros, se encaminan hacia la boca negra del abismo.»

Luego de esto Torriani confiesa la verdad de su descubrimiento, y lo conduce hasta el lugar de la puerta.

Mientras lo está haciendo, junto con un ingeniero del Metro de Milán, en principio totalmente incrédulo, Torriani refiere su experiencia, que se limitó a asomarse y volver pronto. Como la descripción que hace es sumamente parecida a la de una ciudad como la misma Milán, y como el trayecto recorrido había sido hacia arriba, el ingeniero supone que simplemente se sale a una calle de la ciudad. A esto, responde Torriani:

«...eran las dos de la madrugada cuando me metí en la mina y allí... y allí era pleno día. Y cuando volví atrás, y a lo sumo habían pasado diez minutos, volví a encontrar la noche.»

En el último canto de El Infierno, en la obra de Dante, existe esa diferencia cuando los poetas salen del infierno: «¿Cómo es que... en tan poco tiempo ha pasado el sol de la noche a la mañana?».

El capítulo termina con Buzzati entrando decididamente y sin guía al infierno, distinto a Dante, que tuvo dudas y necesitó ser reconfortado por su guía, que entró con él.

El capítulo tercero se titula Las diablesas, y en este es donde Buzzati centra su mensaje, el cual se produce comparando y, finalmente, confundiendo la forma de vida en las ciudades del siglo XX con el mismo infierno.

No queda sin guía el personaje; pero, a diferencia del Virgilio de Dante, en el caso de Buzzati se trata de una mujer que luego identifica como el mismo Belcebú. A su vez se identifica a la ciudad con todas las ciudades en más de una oportunidad («Milán. Y también Hamburgo, y también Londres, y también Amsterdam y Chicago y Tokio a un tiempo»), y se adelanta una diferencia entre el destino de Dante y el de Buzzati: «Quien entre aquí debe sufrir todas las consecuencias».

Así como lo era el protagonista de la Comedia, Buzzati también es pecador; pero no se le presenta la oportunidad de cambiar el rumbo:

-Y yo... ¿Entonces yo seré condenado?

-Pienso que sí.

-¿Qué mal he hecho?

-No lo sé -dijo-. No tiene importancia. Tú estás condenado porque eres así. Los tipos como tú llevan el infierno dentro desde niños...

El cuarto capítulo, que se titula Las aceleraciones, el autor se reitera en describir la vida de los hombres del infierno como carentes de toda esperanza, sin posibilidad alguna de paraíso. La diferencia con el infierno de Dante es que el de este último está claramente separado del mundo terrenal, en tanto que en el cuento cada vez se lo iguala más.

Los tres siguientes capítulos se dedican a mostrar las miserias internas de los hombres, describiendo situaciones en general muy parecidas a las que en el mundo real se pueden encontrar cotidianamente, además de ser consideradas "naturales".

El capítulo cinco se ocupa de la soledad, y encontramos referencia a las distintos círculos (o podrían ser los distintos fosos de un círculo) que Dante y Virgilio van bajando. En este caso, lo que baja de un piso a otro de un edificio es la mirada de Buzzati, y en cada uno ve distintos casos de soledades y falta de piedad y amor. Termina diciendo:

«Pero ninguno se liberaba, ninguno era capaz de salir de la casa de hierro donde se hallaba encerrado desde su nacimiento, de la orgullosa cretina caja de la vida».

Llegamos al octavo y último capítulo de Viaje a los Infiernos del Siglo, llamado El jardín, y por un momento parecería nacer la esperanza. Describe «Una asombrosa islita de paz, reposo, esperanzas, buena salud, buenos olores y silencio», a la que le atribuye «directa comunicación... con el astro (sol)». Se trata del paraíso: «El infierno no existiría, chiquillo mío, si antes no hubiese el paraíso». Pero a diferencia del mundo que describe Dante, en donde Dios es siempre el más poderoso, la islita de paraíso que quedaba queda transformada en «un funesto hoyo», por los poderes de la hipocresía y la ambición: «...no llegaría nunca más el sol en los siglos de los siglos, como tampoco el silencio, ni el placer de vivir». El infierno vence en la obra de Dino Buzzati, y el infierno puede llegar a ser todo lo que hay, sin paraíso, purgatorio, ni mundo real:

«...he estado en él, no resulta muy claro si el Infierno está propiamente allí, o si ha sido repartido entre el otro mundo y el nuestro. Considerando lo que he podido oír y ver, me pregunto incluso si por casualidad no estará el infierno aquí, y si yo sigo todavía en él, y si no será sólo punición, castigo, sino, sencillamente, nuestro misterioso destino.»

El texto de Buzzati es hipertexto de La Divina Comedia, pero no para reproducir la acción de esta última trasladando la historia al siglo XX, sino de una manera más compleja.

 
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