Gracias a la magia de Internet, hoy contamos con Jorge Luis Borges instándonos a que «no encadenemos el alma de quien amamos», anoticiándonos que «amor no significa acostarse» y sentenciando que «los besos no son contratos», entre otros muchos edificantes consejos. Hace pocos días conocí una de sus nuevas metáforas: «uno planta su propio jardín y decora su propia alma» —es estimulante saber que «con cada día uno aprende».
Por lo visto, no todos los grandes artistas cuentan con la suerte de Carlos Gardel, quien cada día canta mejor. El más grande escritor argentino, a dos décadas de su muerte, ya mostró la hilacha: cada día escribe peor.
Los libros de autoayuda exponen con la intención de brindar al lector ciertos medios para mejorar algún aspecto de su vida personal, al compartir los pensamientos y experiencias del autor. Son textos que prometen cambios positivos que, al no ser imposibles, entusiasman a seguir leyendo. Son libros que venden esperanza, que es una buena manera de vender libros, aunque a diferencia de un boleto de lotería nos incitan a pensar en algunas cuestiones, lo cual es bienvenido.
Deepak Chopra, conocido autor de libros espirituales, nos dice: «en el momento en que nuestra alma quiera florecer, las palabras de un santo o de un sabio pueden ser el fertilizante más adecuado». Esto tiene relación con los textos de consejos que, en Internet, aparecen adjudicados a Jorge Luis Borges. Palabras que ya han sido dichas y repetidas en libros, diarios, revistas y programas de televisión y radio empiezan a pedir el respaldo que da un pensador de prestigio. Así, divulgadores de este tipo de textos embaucan a lectores desprevenidos haciéndoles creer que Borges, Einstein y otros han dicho cosas que jamás han dicho.
Las frases y sus fabulosas autorías se citan en una y otra página de la Web buscando veracidad en la repetición de la mentira y se reiteran ad infinitum en perfiles de sitios sociales —poniendo en evidencia que sus dueños prefieren a Borges para nombrarlo y no para leerlo. Incluso es frecuente que se tilde de aguafiestas a quienes señalen el embuste, argumentando que «no importa» —me ha sucedido a mí mismo ser desamigado tras señalar en un perfil que Borges nunca pudo haber escrito: «hasta el calorcito del Sol quema».
Jack Canfield, autor de «Los Principios del Éxito», propone salir de lo bueno, para ir en busca de lo mejor. Aparentemente lo han leído quienes fabrican el engaño: si van a mentir con descaro, a qué quedarse en chiquitas. Tal vez a los embaucados les convendría leer a Canfield también (o a Borges, o cualquier nota larga en la revista de los domingos, al menos). Siendo que gustan de citar a textos que nos dicen cómo vivir, ¿no sería mejor darle un poco de importancia al origen de estas divulgaciones?
Cita de la Enciclopedia Sudamericana, que se publicará en Santiago de Chile en 2074: «La historia universal es un texto que estamos obligados a leer y a escribir incesantemente y en el cual también nos escriben». Tampoco es de Borges.
Daniel San Martín
06 NOV 2011 ·Contactar
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